La Cova del Bolomor, situada en Tavernes de la Valldigna, alberga un registro arqueológico continuo de entre 350.000 y 90.000 años de antigüedad. Este yacimiento destaca por conservar una de las evidencias más antiguas de uso y estructuración intencionada del fuego por grupos preneandertales en Europa.
Las excavaciones han revelado un modelo de subsistencia variado que incluía desde gran fauna hasta tortugas y pequeñas aves. Declarada Bien de Interés Cultural, la cavidad aporta datos fundamentales sobre la tecnología lítica, el comportamiento social y la dieta de las comunidades del Pleistoceno en el Mediterráneo.
A espaldas del mar y resguardada por los contrafuertes kársticos que modelan el valle de la Valldigna, la Cova del Bolomor custodia uno de los capítulos más decisivos del poblamiento humano en el Mediterráneo. Ubicada en el término municipal de Tavernes de la Valldigna, en la comarca de La Safor, esta cavidad no representa un simple abrigo estacional para partidas de caza paleolíticas, sino una crónica ininterrumpida de más de doscientos cincuenta mil años donde se documenta la domesticación pionera y organizada del fuego en el continente europeo.
Excavada de forma continua y metódica desde 1989 por el Servei d’Investigació Prehistòrica (SIP) del Museu de Prehistòria de València, bajo la dirección del arqueólogo Josep Fernández Peris, Bolomor ha transformado los esquemas tradicionales sobre el comportamiento, la capacidad organizativa y la dieta de los homínidos que precedieron a los neandertales clásicos.
El archivo estratigráfico: catorce metros de historia geológica y humana
El enclave se sitúa en la margen izquierda del barranco del Bolomor, a unos 100 metros sobre el nivel del mar, en una posición estratégica que dominaba la llanura prelitoral y las vías naturales de paso entre la costa de La Safor y el interior valenciano. La potencia estratigráfica del yacimiento alcanza los 14 metros de espesor sedimentario, repartidos en 17 niveles geológicos que abarcan una cronología comprendida entre los 350.000 y los 90.000 años antes del presente.

Este registro atraviesa ciclos climáticos de enorme contraste durante el Pleistoceno medio y superior:
- Fases glaciares rigurosas: Momentos de aridez y frío estepario en los que el retroceso de la línea de costa ampliaba las llanuras litorales abiertas.
- Periodos interglaciares templados: Etapas de gran humedad ambiental y frondosidad boscosa de tipo mediterráneo, con proliferación de encinares, quejigares y humedales en la desembocadura de los ríos comarcales.
Hogares estructurados: el salto cualitativo hacia la civilización
El hallazgo que situó a la Cova del Bolomor en el centro del debate paleoantropológico internacional fue la identificación de estructuras de combustión con una antigüedad aproximada de 250.000 años, localizadas en los niveles XIII y XI (correspondientes a los estadios isotópicos marinos MIS 7 y MIS 9).

A diferencia de las trazas de cenizas dispersas o fuegos fortuitos provocados por rayos que se observan en yacimientos más arcaicos, los restos de Bolomor exhiben una clara intencionalidad arquitectónica. Los grupos que habitaban la cavidad excavaban pequeñas cubetas de planta circular u ovalada, delimitaban el perímetro con bloques de caliza local para contener la dispersión térmica y seleccionaban especies leñosas específicas para regular la intensidad de la llama.
La consolidación del fuego artificial transformó los patrones de supervivencia del grupo:
- Acondicionamiento del hábitat: La iluminación y el calor permitieron colonizar la profundidad de la cueva, neutralizando la humedad y ahuyentando a grandes carnívoros como osos, leones cavernarios y hienas.
- Revolución alimentaria: La cocción desnaturalizó proteínas y neutralizó toxinas, facilitando una digestión más rápida con un menor gasto metabólico corporal.
- Organización comunitaria: Los hogares actuaron como núcleos de congregación social, reparto de alimentos y transmisión de técnicas de talla lítica.
Un menú pleistocénico sin clichés: caza mayor, tortugas y lagomorfos
La zooarqueología de Bolomor desmontó el viejo dogma de que las comunidades del Paleolítico medio dependían de manera casi monográfica de los grandes ungulados. Si bien en las fases basales se documenta el procesado de megafauna —incluyendo fragmentos de elefante de defensas rectas (Palaeoloxodon antiquus), rinocerontes de estepa (Stephanorhinus hemitoechus), caballos silvestres y ciervos (Cervus elaphus)—, los homínidos de la Valldigna desplegaban un modelo de subsistencia mucho más pragmático y diversificado.

Destaca con fuerza la captura reiterada de la tortuga mediterránea (Testudo hermanni). Las investigaciones demostraron que estos reptiles eran consumidos de forma regular tras ser asados al fuego dentro de su propio caparazón, aprovechando la coraza ósea como recipiente de cocción. A ello se suma la captura de aves acuáticas y conejos, lo que denota el manejo de trampas y estrategias de caza menor oportunista mucho más complejas de las calculadas previamente para grupos preneandertales.
Restos fósiles y tecnología sobre sílex
El registro antropológico directo de la cavidad cuenta con cuatro fósiles de enorme valor diagnóstico:

- Bolomor 1: Un fragmento de peroné de morfología robusta.
- Bolomor 2: Un molar deciduo o diente de leche infantil.
- Bolomor 3: Un fragmento de hueso parietal con marcas diagnósticas de manipulación.
- Bolomor 4: Un fragmento de mandíbula madura.
Estas piezas se adscriben al linaje preneandertal, tradicionalmente enmarcado en el espectro evolutivo de Homo heidelbergensis o de neandertales arcaicos. Sus herramientas líticas, trabajadas preferentemente sobre nódulos de sílex recogidos en los cauces y calizas silíceas del entorno, prescinden del bifaz achelense clásico y anticipan las formas musterienses mediante raspadores, denticulados y lascas retocadas orientadas al despiece cárnico y al tratamiento de fibras de madera.
Visita, conservación y legado comarcal
Declarada Bien de Interés Cultural (BIC), la Cova del Bolomor articula una labor didáctica constante gracias a la cooperación entre el Ayuntamiento de Tavernes de la Valldigna y el Museu de Prehistòria de València. Los visitantes pueden acceder mediante rutas guiadas concertadas que ascienden por un sendero habilitado a través del barranco, desembocando en una pasarela volada que permite contemplar el imponente corte estratigráfico sin poner en riesgo la preservación del depósito sedimentario.
El mirador natural que ofrece la entrada de la cueva devuelve la mirada al presente de La Safor: un paisaje transformado por la agricultura y el litoral que, hace un cuarto de millón de años, vio prender las primeras llamas artificiales que calentaron la noche europea.
Fuentes:
- Museu de Prehistòria de València
- Ajuntament de Tavernes de la Valldigna
- Ajuntament de Tavernes de la Valldigna – Cueva del Bolomor
- Dialnet – Monografía «La Cova del Bolomor» (Diputació de València / Museu de Prehistòria de València)
- Dialnet – Revista Saguntum: «Cova de Bolomor» (Josep Fernández Peris)
- Dialnet – Monografía «Cova del Bolomor: 25 años en busca de un tiempo perdido»
- Enciclopedia colaborativa – Cueva de Bolomor
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